DECEPCIONES.

Ambición constante

Cuando algún plan o alguna persona nos falla, tendemos a pensar que la decepción viene provocada por ese mismo plan o esa misma persona, y estamos completamente equivocados. Un buen amigo (J.R.R) me dijo hace un tiempo que «la decepción» propiamente dicha, es el resultado que surge de no alcanzar las expectativas esperadas respecto a una meta determinada, bien sea profesional, sentimental o personal. Y creo que razón no le faltaba.

Desde bien pequeños aprendemos en el colegio que cuando debes sacar una nota en un examen y no obtienes lo deseado, la ambición debe ser constante hasta llegar a lograrla. Eso muchas veces no ocurre y la decepción es el camino que encontramos. Ahí es donde está el mayor error. Me explico.

Buscar siempre una meta

Vivimos en una sociedad donde parece que marcarse una meta final es la prioridad necesaria cada día para ser feliz y eso hace que nuestra felicidad sea siempre incompleta. ¿Quién tiene un amigo, una pareja, un trabajo y una vida perfectas? Ya se lo digo yo, NADIE, ABSOLUTAMENTE NADIE. La cuestión es que somos inconformistas por naturaleza, y parece que debemos estar en un proceso de superación constante, que en muchas ocasiones nos perjudica o nos atora. Este continuo estado de avance no nos permite ver muchas veces cuales son nuestras capacidades reales para superar una situación. De esta manera, es imposible diferenciar el momento donde debemos pedir ayuda, pararnos a sopesar una idea, o buscar una solución diferente a un problema. Frases como, “este es mi ejemplo a seguir» “mi meta es tal nota» o “yo para ser independiente debo hacer las cosas de tal manera» son burdos engaños que no nos dejan mirar mas allá de lo que realmente nos puede hacer alcanzar una felicidad real.

Ejemplo a seguir

Nuestro ejemplo a seguir debemos ser nosotros mismos y lo que ,en mi opinión, nos hace mantenernos felices es el sentido que decidimos darle a las cosas y a los momentos. Por ejemplo, y esto lo digo con toda seguridad, teniendo unos estudios universitarios consigamos tener grandes opciones de ser mas cultos y estemos mas cerca de lograr un salario acorde al estilo de vida que deseamos. Pero a día de hoy ¿Quién puede afirmar que eso es seguro? En cambio, lo que si vamos a recordar es a nuestros compañeros de clase y los ratos que pasamos con ellos. Eso es lo que no debemos dejar pasar de largo.

Lo que quiero resumir es que marcarse una meta o tener un instinto de superación constante está muy bien, pero obcecarse con ello puede llegar a ser un castigo, o viniendo al caso, una decepción. Y es que en la vida nos vamos dejando por el camino momentos, lugares y situaciones irrepetibles, creyendo que al pasar por ellas rápidamente llegaremos antes a nuestro objetivo. No es así, hay que disfrutar esos momentos, hay que recrearse en esos lugares, no hay que pensar mas allá de lo que vamos a hacer en el presente, aunque en el horizonte dibujemos un futuro idóneo.

En definitiva, hay que sacar de nuestra carretera todo aquello que la contamina. Expulsar lo que nos duele y nos impide disfrutar del presente. Al final del camino no se encuentra nuestra felicidad, si no que es a través del mismo donde vamos a disfrutar.

Ser feliz

Hace poco logré leer el fabuloso libro de Bernardo Stamateas que lleva por título «Gente tóxica» y quedé impresionado con los tipos de personas que en él se describen. Todos tenemos en nuestro círculo personal a alguno de ellos, y en mi opinión, eso es lo que de verdad hay que apartar de nuestras vidas para poder llegar a conseguir cualquier objetivo. Debemos disfrutar de cada minuto, porque como hemos comprobado esta semana con el accidente aéreo de Germanwings es imposible adivinar cual va a ser el último. Y aun observando que todo nos vaya relativamente bien, sería una pena desviarnos de la meta principal de nuestras vidas…

Sed felices 😉

2 comentarios

  1. Maravillosa reflexión. Totalmente de acuerdo. Las metas son importantes, porque -en cierto modo- nos mantienen ilusionados, activos y en resumidas cuentas, vivos. Para mí no hay nada peor que una persona extremadamente conformista. Pero, yéndonos a los extremos, otra persona competitiva en exceso, que se marca como único fin alcanzar meta o su objetivo, se pierde tanto por el camino…
    La vida es un viaje, disfruta del trayecto, márcate -sí- metas realistas, pequeños retos personales… Pero, por favor, no vivas por y para llegar a tu destino, porque ya sabemos cual es. Y es igual para todos.

    • En una ocasión me explicaron aquello de trabajar para vivir y no vivir para trabajar. Me gustó tanto el concepto que lo llevo al dedillo. Las metas están bien, intentar superar un muro que no has derribado en más de 3 ocasiones, me parece cabezonería y no conocer tus limitaciones. Seguro que estas últimas te están privando de algo mucho mejor.

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