Las decepciones

Ambición constante

Cuando algo nos falla, tendemos a pensar que las decepciones vienen provocadas por un plan, una cosa o una persona determinada. Estamos completamente equivocados. Un buen amigo me dijo hace un tiempo que «la decepción» propiamente dicha, es el resultado de no alcanzar las expectativas esperadas respecto a una meta puntual. Dicha meta puede ser profesional, sentimental o personal. Y creo que razón no le faltaba.

Desde pequeños aprendemos en el colegio que hay que sacar una nota en un examen y si no obtienes la calificación deseada, la ambición debe ser constante hasta llegar a lograrla. Esto muchas veces no ocurre y la frustrante desesperación es el único camino que encontramos. Ahí es dónde reside el mayor error. Me explicaré mejor.

Buscar siempre una meta, el origen de las decepciones

Vivimos en una sociedad donde parece que marcarse una meta final es la prioridad necesaria de cada día para ser feliz. Esto provoca en muchas ocasiones que nuestra felicidad sea siempre incompleta, una incongruencia total.

¿Quién tiene un amigo, una pareja, un trabajo y una vida perfectas? Ya se lo digo yo, NADIE, ABSOLUTAMENTE NADIE. La cuestión es que somos inconformistas por naturaleza, y parece que debemos estar en un proceso de superación constante, que en muchas ocasiones nos perjudica o nos atora.

Este continuo estado de avance no nos permite ver muchas veces cuales son nuestras capacidades reales para superar una situación. Así nos será del todo imposible diferenciar el momento donde debemos pedir ayuda, pararnos a sopesar una idea, o buscar una solución diferente a un problema.

Frases como, “este es mi ejemplo a seguir» “la meta de mi vida es …» o “yo para ser independiente debo hacer las cosas de tal manera» son burdos engaños que no nos dejan mirar mas allá de lo que realmente nos puede hacer alcanzar una felicidad real.

No tener ejemplo a seguir nos puede liberar de las decepciones

Nuestro ejemplo a seguir seremos nosotros mismos y lo que nos mantiene felices es el sentido que decidimos darle a las cosas y a los momentos. Por ejemplo, esto lo digo con toda seguridad, es muy probable que teniendo unos estudios universitarios alcancemos la posibilidad de ser mas cultos y nos sintamos más cerca de lograr un salario acorde al estilo de vida que deseamos. Pero a día de hoy ¿Quién puede afirmar que eso es seguro?

En cambio, lo que si recordaremos es a nuestros compañeros de clase y los grandes ratos que pasamos con ellos, incluso es probable que llegues a rememorar los malos ratos con una sonrisa en la boca, siendo consciente de haber superado un obstáculo en su compañía. Eso es lo que no debemos dejar pasar de largo.

Resumiendo, marcarse una meta o tener un instinto de superación constante está muy bien, no es nada malo, ni mucho menos. Pero obcecarse con ello puede llegar a ser un castigo, o viniendo al caso, una decepción.

En la vida nos dejamos por el camino momentos, lugares y situaciones irrepetibles, creyendo que al pasar por ellas rápidamente llegaremos antes a nuestro objetivo. No es así, hay que disfrutar de esos momentos, recrearse en esos lugares. No tenemos que pensar mas allá de lo que vamos a hacer en el presente, aunque en el horizonte dibujemos un futuro idóneo.

Sacar la basura fuera de casa, nos libera de las decepciones

En definitiva, hay que sacar de nuestra carretera todo aquello que la contamina. Expulsar lo que nos duele y nos impide disfrutar del presente. Al final del camino no se encuentra nuestra felicidad, si no que es a través del mismo donde vamos a disfrutar de ella.

Para disfrutar de un bienestar real y placentero, no podemos caminar con una piedra en la zapatilla. Tal vez sea una molestia en el primer kilómetro, pero supondrá un dolor insoportable en los últimos metros. Libérate de aquello que te impide ser verdaderamente feliz.

Cuando eres feliz, no te das cuenta, lo sabrás más tarde

Hace poco leí la obra de Bernardo Stamateas que lleva por título «Gente tóxica» y quedé impresionado con los tipos de personas que en ella se describen. Todos tenemos en nuestro círculo personal a alguno de ellos, y en mi opinión, eso es lo que hay que apartar de nuestra vida para llegar a conseguir cualquier objetivo.

Disfrutemos de cada minuto, ya lo hemos comprobado esta semana con el accidente aéreo de Germanwings. Es imposible adivinar cual va a ser el último. Y aunque todo nos vaya relativamente bien, sería una pena desviarnos de la meta principal de nuestras vidas…

Sed felices 😉

2 comentarios

  1. Maravillosa reflexión. Totalmente de acuerdo. Las metas son importantes, porque -en cierto modo- nos mantienen ilusionados, activos y en resumidas cuentas, vivos. Para mí no hay nada peor que una persona extremadamente conformista. Pero, yéndonos a los extremos, otra persona competitiva en exceso, que se marca como único fin alcanzar meta o su objetivo, se pierde tanto por el camino…
    La vida es un viaje, disfruta del trayecto, márcate -sí- metas realistas, pequeños retos personales… Pero, por favor, no vivas por y para llegar a tu destino, porque ya sabemos cual es. Y es igual para todos.

    • En una ocasión me explicaron aquello de trabajar para vivir y no vivir para trabajar. Me gustó tanto el concepto que lo llevo al dedillo. Las metas están bien, intentar superar un muro que no has derribado en más de 3 ocasiones, me parece cabezonería y no conocer tus limitaciones. Seguro que estas últimas te están privando de algo mucho mejor.

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