Mudanzas

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Los que me conocen dicen que soy bastante cabezota. De hecho, yo también lo pienso, lo que pasa es que a mí no me afecta directamente. Es algo parecido a aquel famoso dicho que leí en cierta red social «Cuando te mueres solo sufre la gente que está a tu alrededor, lo mismo pasa cuando eres imbécil». Pues digamos que mi cabezonería es algo parecido, la sufren los demás. Solo que en estos últimos tiempos he comprobado que con el paso de los días también me ha podido afectar a mí. Me explico.

Debido a una de esas carambolas de la vida, he tenido que hacer una mudanza, que en un principio se me antojaba algo fácil ¡Que iluso! ¿Verdad?

Podría decir que soy un experto en esto de los traslados. LLevo cinco o seis cambios de asentamiento a lo largo de mi vida, 4 ciudades diferentes, miles de kilómetros y siempre he sabido como montármelo, o casi siempre. De todas ellas, lo único que he aprendido es que siempre pierdes algo, y no, nunca aparece de nuevo.

Esta última era supuestamente la más fácil. Me voy a otro piso a corta distancia, de un piso pequeño a uno más grande, y además, tenía gente cercana que me podía ayudar. ¿Donde está el problema? ¿Que puede salir mal? Que te confías. Y eso es un error de los grandes. Muy grande. El más grande.

En una mudanza tienes que trazar un plan y marcarte unos plazos, y tenerlos bien claros, para no tener que desviarte lo más mínimo de ellos. Aunque siempre surge algo de última hora.

1. Para empezar has de saber que los objetos inanimados que te rodeaban en tu hogar, han cobrado vida y se han reunido en secreto para cachondearse de ti durante unos días. Algo así:

Mira como me busca por encima del armario el muy gilipollas— Le decía la lámpara al sofá mientras se escondía detrás del televisor.

2. Aquella pantalla de 42 pulgadas que te trajeron hace tiempo los Reyes Magos, ha cogido algo de sobrepeso, y no era tan fácil bajarla tú solo por el ascensor.

3. Aunque te hayas propuesto tener las cajas ordenadas por peso, zonas de la casa, vajillas, libros, etc… Has de tener en cuenta que ellas buscan su propia libertad y están dispuestas a desaparecer en cualquier momento.

4. De la misma manera que algunas cajas buscan su libertad, otras, están dispuestas a cruzarse en tu camino cuando estés transportando el material más frágil de tu hogar. Yo las llamo cajas traidoras. Ojo, pueden provocar lesiones.

5. Todos aquellos que te iban a ayudar con la mudanza, tienen muchas cosas que hacer «el día de la mudanza». Las p…. casualidsades, ¡mecachis!

6. Una mudanza es solo el origen del kaos, la batalla no ha hecho más que comenzar. Es una lucha a muerte entre tus cajas, tu vehículo para transportarlas y el ascensor donde tienes tu nueva residencia. Si lo tienes claro.

7. Una mudanza la planeas en un día,  la transportas en 1 semana y la terminas en 9 meses.

8. Si no tienes ascensor, los tiempos se multiplican automáticamente por 3, y las pérdidas, y las lesiones, y… bueno, voy a parar.

Aquí os he dejado unos cuantos puntos que os servirán de guía, o a lo mejor no os sirven para nada, como casi todo lo que escribo. Pero tened en cuenta una cosa, está científicamente probado que el 93% de las mudanzas sobreviven a las personas que las llevan a cabo.

Si, hoy me aburría y tenía que disfrutarlo.

 

Sed felices 😉

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