La Manga del Mar Menor, un viaje diferente

Todavía recuerdo la primera vez que llegué a La Manga del Mar Menor. Todo empezó siendo muy pequeño, tan pequeño que apenas unos cuantos retazos alcanzan a mi memoria. Minúsculas pinceladas que le daban un color de fantasía a una parte muy importante de mi infancia. Un largo viaje por las duras carreteras de los años 80, un calor asfixiante como compañero de viaje y esa somnolencia que nos envuelve a muchos niños cuando tenemos que meternos en un coche y hacer cientos de kilómetros.



La Manga del Mar Menor, un viaje, una vida

Recuerdo aquellos viajes como si los hubiera hecho ayer mismo. Pero no fueron ayer, son ya más de treinta años y siguen grabados a fuego. Pequeños detalles que sobreviven incrustados en la memoria y que no se borrarán nunca, puesto que forman parte de una infancia rica en momentos únicos y plena de felicidad.

El pequeño vehículo repleto hasta los topes de trastos y maletas. Mi hermana y yo en los asientos traseros con los nervios a flor de piel. Ella sube los pies encima de la vieja nevera, colmada de refrescos y embutidos, y refrigerada por rudimentarios hielos que papá congeló la noche anterior en vasos de plástico.

Yo miro por la ventanilla, el viejo barrio desaparecerá durante quince maravillosos días. No soy consciente de que el lugar al que me dirijo va a significar mucho para mí a lo largo de toda mi existencia. Marcará mi infancia, mi adolescencia y mi madurez. Formará parte de mi carácter y mi personalidad a lo largo de mi vida. Un lugar que se convierte en ese destino dorado donde desearías estar en los peores momentos.

Volver a La Manga del Mar Menor

Y allí he vuelto este año. Otro viaje más, otro saco de recuerdos imborrables que se agruparán en un hueco de la memoria. Todo de una manera diferente. Ahora el coche tiene un aire acondicionado que alivia aquel infierno veraniego de hace 3 décadas. Unas carreteras sin baches que no se parecen en nada a las de antaño.

Y llegas allí, parece que el tiempo se ha parado. Todo sigue estático, con el mismo colorido, con ese mar verdeazulado que aparece por los 2 costados. Y en el medio yo, nosotros, mi familia. Los niños me hacen recordar que el tiempo ha pasado. Las reacciones de mis hijos me hacen sentir algo especial. Veo en sus ojos mis emociones, mis carreras de la mano de mi hermana cuando teníamos esa edad. Y a los lados siguen los mismos mares. El mismo agua que empapó mis ilusiones. Ilusiones que siguen siendo vigiladas por aquel imponente faro.

El faro del Cabo de Palos

Firme y serio ante un mar agitado, sobrio y estático frente a la calma de las aguas, inalterable siempre. Un paseo hasta su cumbre que paraliza la respiración y mantiene los sueños intactos. Desde hace mucho tiempo un lugar muy especial, nadie sabe lo que esconden las olas.

Desde hace poco, un paraje inolvidable de mi vida. La gente disfruta de las pequeñas calas ajenas a su inmensa suerte. El faro reluce noche y día pero siempre con ese brillo especial del sol que parece darte la bienvenida.

Aquí otra vez, le digo. Aquí otra vez, parece responderme. Y le sonrío cuando me voy. Volveré amigo, sigue iluminando la suerte de los míos en la distancia, todos los días te echamos de menos, aunque sea en la decoración de las paredes de nuestra vida.

Me giro, respiro el olor a salitre por última vez. Volveré amigo, volveré a La Manga del Mar Menor y al faro que la guía. Y estoy seguro de que en uno de esos viajes ya no nos separaremos jamás. Espérame cálido y tranquilo, pero espérame.

Sed felices 😉



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