¡Apártalos de tu vida!

Fuera de tu vida

Instintos

Parece sencillo, pero algunos hemos tardado años en darle rienda suelta a los instintos. Y no hablo de pasiones ni de sentimientos, hablo de instintos puros. Los que salen realmente de dentro. Motivos hay muchos, excusas he tenido siempre, aunque esto lo relataré más adelante. Me centraré en los que te empujan para sacar fuera de tu vida todo aquello que no necesitas.

No voy a explicaros nada que no sepáis, ni a descubriros el fuego. Quien me conoce sabe que no soy un amante ni de los «coach» ni de las frases de Paulo Coelho. Podría decir que desde hace un tiempo, solo soy un amante de mis propios instintos. Sobre todo desde que empecé a descubrirlos. Pero a descubrirlos de verdad. Os explico.

Fuera de tu vida

Me he educado en una familia humilde donde los buenos modales, la prudencia y el saber estar en cada lugar, eran imprescindibles. Esto ha hecho de mí una persona bastante extrovertida y empática. Puedo decir que con esta forma de ser, que luego fui moldeando independientemente, me he abierto muchas puertas y también he granjeado amistades muy valiosas. Tal vez no sean puertas gigantes para que la vida me sea fácil, pero si me he sabido rodear de muy buena gente de la que sacar un provecho educativo, amistoso o incluso de relaciones laborales. Pero como todas las cosas que tienen muchos «pros» también suelen venir cargadas de «contras», y ahí es donde se me ha colado más de un@ gilipollas mala persona.

Reflexiones

Leyendo un artículo de una bloguera amiga sobre este tipo de personas, tuve la idea de explicaros estas reflexiones. Hace pocos años, y cuando digo pocos, digo no más de 9 ó 10, empecé a darme cuenta de que había gente a la que toleraba ciertas cosas que no me gustaban (aquí es donde os explico las excusas de arriba). Aptitudes infantiles, exigentes, impertinentes, maleducadas, o fuera de lugar, que por culpa de la prudencia adquirida durante mi educación, permitía sin sentido alguno.

El chip cambia

Pero llega el día que te levantas de la cama y el chip cambia, ese mismo que todos traemos instalado de serie, abandona su estado latente. Sin saber cómo, empieza a funcionar sin que tú te des ni cuenta. En mi caso fueron varios motivos y un intenso momento de presión extrema, que una vez superado, me generó una voz interior que decía «O empiezas a mandar a la mierda a todo lo que debes, o al final te saldrá a ti por las orejas» Y así fue. Me convertí en un auténtico liquidador, y las sensaciones fueron brutales. No lo hice a golpe de… ¡Oye tú, vete a freír espárragos porque me apetece! Para nada. Aproveché mi enorme y dilatada paciencia en este sentido y la enfoqué generando 2 listas mentales que siempre llevo conmigo: La lista de las cosas que me importan una soberana mierda y la lista de «esperaré sentadito hasta que llegue la ocasión».

Fuera de tu vida

Han ido pasando los días, meses y años, y tengo que decir que fue una auténtica bendición. Con la reacción automática de mis instintos he ido apartando de mi vida aquellas cosas que más me molestaban y que me hacían daño. Con el tiempo he sacado de mi rutina habitual a idiotas, mequetrefes, sobrados, espabilados, listos, sabelotodos, enterados, cantamañanas, dimes, diretes, churras, merinas y algún que otro gilipollas. Y cada noche, antes de entregarme en cuerpo y alma a la almohada, apunto las cosas que cuadran en cada lista y tan solo me quedo con aquello que me hace feliz. Y claro, duermo como un tronco. Una delicia, oigan. Es el descanso merecido tras haber exiliado fuera de tu vida todas las cosas que no te dejan continuar con ella

Ser feliz es imprescindible

El otro día un buen amigo me preguntaba el motivo por el que despido todas mis entradas con un «Sed felices» y no supe responderle correctamente. Ahora puedo decir que finalizo así cada post por el simple hecho de que ser feliz es un aporte básico en la vida de cada persona, ser feliz es imprescindible. Es evidente que ciertos problemas graves están ahí y no se pueden apartar de cualquier manera. Además, esos problemas tal vez no nos permiten avanzar como nos gustaría, pero al final son cosas que tendrán una solución, mejor o peor, pero una solución. Lo que si tenemos todos en mayor o menor medida es la capacidad de decidir quien debe ser apartado de nuestra vida cuando su actitud nos impida ser felices. Y eso amigos, es una jodida gozada y libera mucho espacio en el disco duro del cerebro. Es una acción reparadora, a la par que necesaria.

Recordad…

Sed felices 😉

Con lo que sea y no permitáis que nadie os lo impida.

9 comentarios

  1. Los años nos enseñan a discernir la paja del grano.

    Y ya no sentimos esa necesidad de pertenencia a un grupo (de gilipollas, porque, siendo sinceros… No tenemos que ser amigo del compañero de pupitre, de clase, de trabajo, vecino de portal… O, mi favorito: vecino de número de teléfono, glorioso!!).

    Por fin somos libres de elegir a quién dedicar nuestro escaso tiempo.

    No somos bordes, ni maleducados…
    (Saludamos, como dicen en los sucesos, jajajaja)
    Somos felices, «exclusivamente selectivos», sí.
    Pero como diría Marie Kondo, si no te hace feliz… A la mierda!!

    Un abrazote, Nacho!!

    • Correcto Virginia. Llega ese puntito definitivo de la madurez que te exige ser selectivo. De lo contrario vas a ir siempre siguiendo la corriente y el camino que te marcan los demás.
      La educación es saber ponerte en tu sitio cuando tu círculo propio está siendo pisoteado. Creo que la peor educación que le puedo dar a mis hijos es enseñarles que tengo que agachar las orejas cuando una cosa no me gusta. Una cosa es enseñarles los modales adecuados para expresarse, otra muy diferente, mostrarles que debes tragar con el primer impresentable que se te cruce.
      ¡Abrazotes!

  2. Me ha encantado tu post! Sencillo y directo.
    Y es que me identifico mucho contigo…a mi también me educaron en el respeto y la tolerancia…. Y he desarrollado una gran empatía…aunque también una digamos facilidad a que a veces algún gilipollas me robe el pan de debajo el sobaco…. Por mi gran capacidad para no actuar, perdonar…entender su mal momento. Pero llega ese momento en que, dicho de manera vulgar, se te llena el papo y ya no aguantas más. Y empiezas a decir NO (bonita palabra), y descubres que no por exigir respeto de los otros eres menos educado… Y otras lindezas.
    Haré esas dos listas que recomiendas para ver si voy avanzando con mi limpieza vital.
    Un abrazo

    • Me ha matado lo del pan debajo del sobaco ¡Cuántas barras me habrán quitado a mi!
      Más que bonita, la palabra NO, es necesaria. Una forma de posicionarte delante de aquellos que creen que nunca vas a decirla. Muchas gracias por pasarte, nos leemos. ¡Saludos!

  3. Es tan Maravilloso y tan fácil….
    No puedo expresar con palabras lo que realmente me producen tus sabios y ricos pensamientos que coinciden con los míos.
    Tu fiel y cercano seguidor.

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