La magia del Gran Café Gijón

Imagen vía https://www.esmadrid.com/

Siendo yo niño, mi padre trabajó durante muchos años en una calle adyacente al Paseo de la Castellana en Madrid. Aunque la capital es sinónimo de trasiego, de prisas, y de tráfico intenso, al mismo tiempo ha sido residencia de grandes literatos, de desconocidos artistas y de personajes populares de diverso pelaje. Al final de la década de los 80 empezó a llamarme la atención un discreto y elegante local que te encontrabas al subir caminando por el bulevar del Paseo de Recoletos. Con poco más de diez años de edad recuerdo preguntarle a mi padre qué era aquel lugar tan concurrido. Así escuché hablar por primera vez del Gran Café Gijón

El café Gijón

Hay que remontarse al año 1888 para conocer los orígenes de este mítico café literario. Durante la primavera de ese año, un emprendedor gijonés decidió darle el nombre de su tierra a un local que constaba de unas cocheras y un bar para dar café a los condutores que paraban de camino. Gumersindo García, tras cierto éxito haciendo las américas, no podía imaginar por aquel entonces que estaba iniciando la andadura de uno de los cafés más míticos de España, Europa y el mundo.

Con los años, el Gran Café Gijón fue adquiriendo una notable popularidad. Son las conocidas tertulias de Madrid las que van juntando en las mesas del Gijón a notables personalidades del mundo literario y la cultura, junto con quienes les reían las gracias y alguno que se hacía pasar por genio. Todo siempre en torno a un buen café, que podía valer para no levantarse de la silla en toda la tarde.

Una silla en el Café Gijón

Por sus sillas pasaron nombres conocidos como los Benito Perez Galdós, Ramon y Cajal o Canalejas; numerosos poetas en la tertulia de Gerardo Diego; miembros ilustres de la generación del 98 como Ortega y Gasset, Baroja y Ramón Gomez de la Serna, conocido por el gentío como «el gran Ramón»; también de la del 27 como Lorca y Alberti; pintores como el icónico Salvador Dalí; la señorita Margaretha Geertruida Zelle, más conocida como Mata Hari, que bebía vasos de peppermint mientras espiaba en los años de la Primera Guerra Mundial; o un Valle Inclán atraído por un magnífico menú compuesto de filete, patatas y huevos;

Con tanto ingenio sobre las mesas a la hora de las tertulias, era de esperar que brotasen grandes ideas y proyectos. Y allí mismo, en las entrañas del Gijón, se forjaron grandes amistades como la de Francisco Umbral y Camilo José Cela, que duró hasta el fin de sus días. También se fundaron revistas, asociaciones clandestinas y se tomaron decisiones importantes para el país. Sin ir más lejos, en una de esas mesas Valle Inclan le da vida a su famosa obra «El marqués de Bradomin».

Hubo un tiempo en el que, en los circulos más íntimos y estrechos de la literatura española, se llegó a afirmar que era mucho más importante tener una silla en el Café Gijón que en la Real Academia.

El Café Gijón era lo más parecido que había a la morada de los dioses.

José Caballero Bonald


El Café Gijón durante la Guerra Civil

Durante la guerra, el Café Gijón funcionó como cuartel del bando republicano. Fruto del conflicto, muchos artistas e intelectuales tuvieron que marcharse. Al acabar la contienda el café reabrió sus puertas con total normalidad, ya que su espacio no había sufrido ningún daño.

La posguerra, como en todos los ámbitos, hizo mella en la sociedad que merodeaba por el Gijón. Es conocida la frase «época del poeta sin una peseta». Los Pícaros y los buscavidas tratan de hacer negocio y de alguna manera consiguen tener su hueco entre la ilustre clientela. Eran años de hambre y el ingenio de los traviesos también era bienvenido.

En esta época salen a la luz personajes míticos para el café como Alfonso el cerillero, que presta dinero a muchos de los clientes, mientras se situa en un lugar estratégico al lado de la entrada principal. Tanta importancia llegó a adquirir Alfonso que, a día de hoy, una placa situada en aquel lugar reza lo siguiente:

Aquí vendió tabaco

y vio pasar la vida

ALFONSO

cerillero y anarquista

Sus amigos del Café Gijón

El café Gijón fue un lugar que unió a una selecta parte de la cultura española. Las amistades allí nacidas solían serlo para toda la vida, de la misma forma que las enemistades. Pudiese parecer que allí las pasiones y el ingenio fluían de una manera diferente. En cualquier caso, toda esta confluencia de sucesos y personajes, ha hecho del Café Gijón un lugar distinguido en la capital.

Rafael Alberti, después de casi cuarenta años en el exilio, una de las primeras cosas que hizo al volver fue pasar por el Café Gijón a ver a todos sus amigos, independientemente de su signo político. Eran otros tiempos, era otra época. Tanto que aprender.

Sed felices 😉

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