Aires de grandeza y arrogancia

Tener aires de grandeza es una expresión que suele ir relacionada con ser una persona soberbia, arrogante, con creerse por encima del bien y del mal, o incluso pensar que se está un peldaño por encima de los demás en la siempre figurativa escala social.

Es común asimilar que esta perspectiva es incorregible, aunque puedo certificar, porque tengo pruebas fehacientes de ello, que en una gran cantidad de ocasiones la humildad viene casi siempre al rescate. Tarde o temprano.

Imagen de Gerd Altmann en Pixabay

La arrogancia contra los aires de grandeza

Habitualmente, bien sea por acaloramiento en una discusión o por la intolerancia que nos provoca cierta persona, creemos que aires de grandeza y arrogancia van siempre de la mano. Esto es un error de concepto bastante grande.

La arrogancia también suele ir implícita en el comportamiento de una persona, pero no tiene por qué estar relacionado con los aires de grandeza, ni mucho menos. Creo que ser arrogante puede ser necesario dependiendo la situación a la que te enfrentes.

En cierta ocasión escuché una cita que me hizo replantear ciertos conceptos:

Temprano en la vida tuve que elegir entre la arrogancia honesta y la humildad hipócrita. Elegí lo primero y no he visto razón para cambiar.

Frank LLoyd Wright

Este famoso arquitecto, propulsor de una filosofía que se entiende como arquitectura orgánica, y que cuenta con ocho obras patrimonio de la humanidad en su haber, despertó con aquella frase mi curiosidad. Si un tipo así decía algo como aquello, tendría que fundamentarse en algo. Y yo, que soy curioso por encima de mis posibilidades, me puse a investigar. Y no encontré nada, así que me puse a pensar.

¿Pero es lo mismo?

En muchas ocasiones no van de la mano. De hecho, los aires de grandeza suelen aparecer cuando alguien ha estado con anterioridad en un estatus inferior social o laboralmente. Tras una vida de ciertas penurias, entiéndase lo que quiero decir con esto, se asciende a un nivel más alto y ahí suele llegar el arrebato. Ocurre cuando ves al resto de la humanidad aposentado en un escalón un poco más elevado. El batacazo llega con el tiempo, sin duda.

Por el contrario, ser arrogante puede ser una actitud si lo deseas. Es muy lícito ser humilde de forma natural, sin exagerar ni dramatizar las situaciones. Normalmente el que suele presumir de humildad, no la tiene, y obliga a los demás a reconocer sus méritos y seguir su camino por la fuerza. Lo que toda la vida se ha llamado «ir dando pena sin necesidad». Contra estas cosas, lo más humilde es utilizar la honestidad y llamar por su nombre a cada cosa.

Aires de grandeza en nuestra sociedad

En una sociedad donde hemos incrustado un buenismo mal entendido, se nos ha colado la hipocresía por el camino. Es decir, consolamos a gente que ha hecho las cosas mal (aires de grandeza) porque ahora nadie quiere saber de ellos debido a esta actitud (cura de humildad) y la excusa empleada es «pobrecito se ha equivocado».

Equivocarse es lícito, incluso varias veces. Pero mientras tanto, la verdadera víctima (quién ha sufrido los aires de grandeza) observa atónita como todos los demás consuelan al otro. Conclusión, la víctima tiene que ser arrogante (por necesidad) para decirle al soberbio lo que ha hecho mal, si se repite la situación.

Con todo esto, tendremos que asumir que, al ser arrogante de forma honesta, nos exponemos a los juicios de una sociedad hipócrita que será buena con los malos y mala con los buenos. Y en mi opinión esto debilita a los miembros de cualquier comunidad. Los problemas se deben resolver diciendo a cada miembro lo que ha hecho mal, sin excepciones, con la firme voluntad de aprender todos. Y todo eso no debe estar reñido con la buena convivencia.

Difícil de explicar y fácil de entender.

Sed felices 😉

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