Dejar de fumar para no escucharles

Ya ha pasado más de un año. Puedo decir abiertamente que no me ha costado dejar de fumar, o por lo menos me ha costado bastante menos de lo que pensaba. Fue muy fácil, nunca lo hubiese imaginado. De hecho no recuerdo algún día especialmente difícil.

A mi me gustaba fumar, mucho. Era un acto placentero que con el paso del tiempo se había convertido en un hábito. Recuerdo tardes escribiendo con un café y un cigarro, era feliz para qué negarlo. Me encanta(ba). Para mi siempre fue una acción que me hacía disfrutar. Y además, estuve mucho tiempo en el lado oscuro del tabaco.

Imagen de Kevin Phillips en Pixabay

Dejar de fumar por salud

Eso hice. No hay ninguna otra excusa, ni siquiera la económica. Me daba igual gastarme el dinero en tabaco, lo reconozco, no me importaba porque era algo que me gustaba y de lo que hacía gala. Es cierto, no lo voy a negar. De hecho puedo decir que todavía me gusta. Cuando paso al lado de algún fumador, el olor del humo me trae ciertos recuerdos relajantes. Supongo que relaciono los aromas con los ratos en los que descansaba, me pasa con el café también.

La mente en ocasiones juega esas pasadas. Y tal vez por esa razón nunca dejé de fumar por dinero, ni me lo planteaba. Fue única y exclusivamente por salud y no hay más. Si dijera lo contrario estaría mintiendo.

Y el tiempo ha dado la razón a todos los expertos. Mi respiración, mis alergias y muchas cosas más han mejorado. Soy una persona diferente en ese sentido, no lo voy a negar. Ha desaparecido una tos constante que me perseguía cada día desde por la mañana. Hasta duermo mucho mejor, supongo que mis pulmones estarán más limpios y eso ayudará bastante durante el tiempo de descanso.

Exfumador pedante, no, gracias

Jamás. Una de las promesas que me hice al dejar el tabaco fue no convertirme en un exfumador pedante. Si había algo que me repateara cuando yo era fumador, era un exconsumidor dándoselas de antitabaco. Me parecía ridículo, aunque siempre he pensado que lo que les ocurría no era ni más ni menos que se morían por echarse un cigarro y no eran capaces de controlar la ansiedad cuando alguien les fumaba cerca. De ahí los aspavientos ante el humo.

Además, en ciertos casos tengo que decir que la situación con algunos rozaba lo patético. Hay exfumadores que son abanderados del antitabaquismo, como si eso les devolviera la salud de haberse tragado cientos de cartones. Dan pena, de verdad. Ahora, como exfumador que soy, lo comprendo menos todavía.

Dejar de fumar para siempre

Esa ha sido siempre la intención. Pero el que ha fumado durante muchos años (25 en mi caso) creo que es fumador de por vida. No se puede evitar. Es imposible pretender que después de décadas siendo íntimo amigo del tabaco, le cojas asco para siempre. Las ganas siguen estando ahí, solo aprendes a controlarlas.

Es una pelea de largo recorrido. Hablando en primera persona, creo que es una adicción contra la que es fácil pelear en el día a día, al contrario que en otras. Con el tabaco lo que liberas son pequeñas batallas que has de superar en momentos puntuales. Fuera de ahí, la guerra está ganada a partir de los primeros quince días. Si eres capaz de superar eso, eres capaz de superar el resto. Según mi opinión y mi experiencia, claro está.

Sed felices 😉

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