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Agosto en Madrid.

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Siempre elijo mis vacaciones con la mejor intención posible. Supongo que como todos, valoramos muchas cosas entre las que se encuentran el coste económico, el lugar al que queremos desplazarnos y la época en la que queremos disfrutar. Luego, en otro orden de factores estamos los que pasamos el mes de agosto en Madrid.

Foto abc.es

Soy un madrileño atípico, o eso creo. De hecho, soy un atípico «atípico», pero no quiero desviarme. Me considero un capitalino que no cumple con las costumbres estivales, es decir, salir corriendo de la ciudad como alma que lleva al diablo durante los meses de julio y agosto.

He pasado mucho tiempo viviendo en la costa y desde hace años le cogí el gusto a doblar el lomo en el mes de agosto. Siempre he tenido esa mentalidad tan levantina de creer que la playa se disfruta más fuera de los meses de verano. Y en cierta manera, así es. Heredé esa costumbre y desde hace mucho tiempo sigo cumpliéndola.

¿Cómo es agosto en Madrid?

Aquí la cosa cambia. Madrid en agosto es diferente. Ni mejor ni peor, diferente. Hay varios puntos donde la ciudad toma aire, y no me refiero a los 45 grados de la puerta del sol a las 15:00 de la tarde. Voy a desgranarlos, que sé que os gusta

El tráfico madrileño en agosto

¿Estamos de acuerdo o no? Queridos hijos del oso y el madroño podéis gritar conmigo ¡Bendito placer! Esas carreteras vacías, esos carriles donde permites que cualquiera te adelante. Amigos, en el mes de agosto en Madrid hay sitio para todos en cualquiera de sus M´s (30-40-50, etc…)

Aquel con el que te hubieras matado en diciembre por un hueco en un larga congestión del tráfico, hoy es un compañero, incluso un gran amigo, alguien con quien pararías en cualquier arcén y te fundirías en un largo abrazo. Porque ahora en agosto, sois los 2 únicos cabrones de toda la Comunidad de Madrid que vais a las 5:30 de la mañana a trabajar. Disfrutad, toda felicidad en esta vida es efímera y mucho más si hablamos de los atascos en la capital.



Aparcar en Madrid en el mes de agosto

Llegas del trabajo y tacháaaaan, hay sitio para dejar el coche. El primer día de verano en el que encuentras sitio en la puerta de tu casa te sientes extraño. Te bajas del coche como si fueras en el mismísimo Delorean. Tu Peugeot 207 es ahora una máquina del tiempo aterrizando en plena Edad Media.

Tú, mientras tanto, mirás asombrado por toda la acera, a ver si han colocado una señal que lo prohiba mientras tu cumplías con tus labores. Te frotas los ojos, hincas las rodillas en el suelo y las lágrimas se deslizan por tus mejillas. En un gesto de rabia contenida y súplica, tus brazos se elevan hacia el cielo con los puños cerrados, mientras un sonido afónico y estridente grita sin contemplaciones….¡TENGO HUECO EN LA PUERTA DE CASA!

Las siestas de agosto en Madrid

Bonito es poco. Todo es paz y amor en el agosto madrileño a la hora de la siesta. Cuando te acuestas, tu mente flota pensando agradablemente en el recuerdo de que tu vecino de al lado  (el del taladrito a las cuatro de la tarde) se ha ido a tomar por culo durante todo el mes al apartamento de su cuñado en Cantabria.

Y es que la última vez que te lo cruzaste en el descansillo te dijo, con el pecho como un palomo, que se iba al norte. Desde ese momento, tu cabeza ya solo podía pensar en esas treinta y una siestas que llenarían de gozo todo tu ser. Por otra parte, la vecina de arriba, la que tiene una canica que rueda por el salón cada media hora, también tiene unos días libres y eso se agradece.



Las terrazas veraniegas

No hablo de balcones, hablo de bares. Que bonitas son las terrazas madrileñas en agosto. Los que se han quedado en agosto, tienen 2 misiones fundamentales que cumplir: llenar las piscinas públicas y reventar las terrazas de los bares. Generalmente, la secuencia rutinaria de cada día del madrileño medio durante la época estival es la siguiente: Trabajo (poco)-Siesta-Piscina-Terraza-Dormir-Trabajo (poco)-Siesta…

Todo esto lo digo generalizando al máximo y siendo generoso con los horarios, pues todos sabemos, que en la actualidad hay jornadas de trabajo que se comen la siesta, la piscina, la terraza, el sueño y el desayuno del día siguiente.

Aún así no decaigan. Estás son las inconexas palabras de un hombre que no pudo dormir la siesta y que cuando se aburre las escribe. La vecina de la canica ha vuelto y había que celebrarlo de algún modo.

😉 Sed felices.



La salud mental, un valor desprestigiado

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He de reconocer que, siendo más joven y un poquito más inconsciente, siempre sentí una especie de desprecio (entiéndase bien esta palabra), en lo que se refiere a los asuntos relacionados con la salud mental.

Por decirlo de alguna manera, siempre que observaba síntomas de depresión o ansiedad en algunas personas, en mi interior se alzaba una pequeña voz con una crítica que le quitaba valor al asunto.

Simon Biles y su retirada de la competición por motivos de salud mental

Esta semana, los periódicos han llenado sus páginas con el asunto de la atleta Simon Biles, que decidió no defender su título de campeona olímpica para tratar sus problemas de salud. El asunto ha dado carnaza a los medios para, en cierta manera, deshumanizar un poco a la deportista. Y eso me recordó mi forma de actuar antaño.

Al mismo tiempo, traté de explicar en mi cuenta de Twitter mi opinión al respecto y por otra parte, pude leer a gente escribiendo auténticas burradas. Esto no pasaría si la sociedad estuviese un poco más concienciada de lo importante que es mantener tu mente «en forma».

Despreciar la salud mental, un error garrafal

Con el tiempo me fui dando cuenta del error que estaba cometiendo. Observar a una persona cercana pasar por un bache anímico considerable dentro del plano familiar, me hizo recapacitar sobre el asunto de forma importante.

Puede decirse que al vivir de cerca la experiencia de los síntomas de una crisis, pude comprender que un buen estado de salud mental es un punto muy importante en el desarrollo normal de cualquier persona, e incluso vital, para cualquier ser humano que se precie.

Psiquiatría y psicología, el pilar de la salud mental

No voy a adentrarme en conceptos técnicos, pues soy un completo ignorante en la materia. Hablaré siempre desde un plano muy personal e implantando una opinión que está basada en lo que he podido aprender tras ciertas lecturas y observando el comportamiento de personas que estaban pasando por un trance emocional difícil.

Hay que decirlo para no caer en el error, pero es cierto que durante mucho tiempo la palabra «psiquiatría» causaba algo de pavor en la sociedad, por lo menos en la que yo he vivido. Y eso siempre fue un obstáculo de grandes dimensiones para todo el mundo, más aún para quienes sufrían alguna dolencia.

De un tiempo esta parte y sobretodo gracias a las tecnologías de la información, que nos permiten adentrarnos en mundos hasta ahora desconocidos para muchos, La psiquiatría y la psicología eran asociados de una forma simple a la locura, demostrando así un comportamiento plano y carente de conocimientos.

La mente lo mueve todo

En cierto modo, cuando alcancé a entender que el corazón es el motor físico del cuerpo, pero la mente es la gasolina que abastece al mismo, fue de algún modo el método válido para comprender que la psicología y la psiquiatría tienen una importancia suprema dentro de la salud. Incluso me atrevería decir, y esto es mi opinión, que de la misma manera que nos gusta hacernos un pequeño chequeo para revisar nuestra salud física, deberíamos tratar de hacer lo mismo con nuestra salud mental.

Un estado emocional correcto y sano es el que nos permite realizar las acciones físicas que nos proporcionarán sensaciones placenteras: salir a correr, a pasear, visitar un museo, leer un libro, tener sexo, beber un refresco, comer un pastel… Resumiendo, todo aquello que hace que nuestros días sean más llevaderos.

Ayuda siempre a quien lo necesite

Cuando observemos que una persona actúa de forma incoherente o que ciertas situaciones le sobrepasan de alguna manera, le debemos ofrecer siempre nuestra ayuda, bien sea a través de profesionales o de cualquier otra forma.

Nunca llegaremos a ser conscientes del calvario que puede haber detrás de las acciones de ciertas personas. La vida en ocasiones es muy dura y algunas vicisitudes pueden acabar con la energía de cualquier ser humano en un momento dado. Nadie es inmune a las depresiones y las crisis de ansiedad, entre otras muchas cosas, y aunque ahora no estemos pasando por ello, en algún momento podemos ser víctimas del duro sufrimiento que conllevan ciertas enfermedades mentales.

Sed felices 😉

Los feos por dentro

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Seré directo. Hablaré sin matices, sin peros, sin medias verdades. Odio a los feos por dentro. Los odio muchísimo, tanto que me escuecen los ojos cuando los detecto. Y ahí, justo ahí, los detesto.

Porque a la persona que es fea por dentro no se la ve. Son gente difícil, pero si estás atento se les intuye. Les invade la negrura, son oscuros de sentimiento y gastan humo tóxico dentro del alma.

Imagen de Comfreak en Pixabay

Guapos por fuera, feos por dentro

Con la edad no engañan. Cuando eres joven no ves el interior de las personas. Es por esa razón que los feos por dentro pasan desapercibidos para la gente de menor edad. Suele ser la experiencia la que te avisa de un interior oscuro y la inexperiencia quien te da las lecciones necesarias para aprenderlo.

Una cara bonita no es nada cuando ya has visto muchas, al revés que un corazón atroz, que lo es todo cuando ya has visto bastantes. Solo uno es suficiente para crear las alertas necesarias y sacarte del apuro. Te habla, te dice: «ojo, está ahí, cuidado, ten mucho cuidado».

Los guapos por fuera que son feos por dentro tienen cuerpo de nevera. Mantienen el corazón siempre frío.



Ser feo por dentro o simplemente estarlo

No es lo mismo. De hecho es todo lo contrario. Hay gente que es dañina por dentro, que disfruta perjudicando, haciendo daño, notándose superior mientras el otro llora y lava sus heridas. Es despreciable, disfrutar del dolor ajeno debería estar prohibido en cualquier sitio.

Y luego los que están. Hay gente a quien las piedras del camino le golpearon en el corazón y aunque se lo peinan cada mañana les resulta muy difícil sonreír. Y es que sacarle una carcajada al corazón de los demás debería estar premiado, porque es un acto de bondad suprema para quien está feo de corazón y desea ser feliz.

Se amable, pues cada persona con la que te cruzas está librando su ardua batalla

Platón

Descontamínate

Huye de los feos por dentro. No les dejes contaminar tu alma. Son personas que oscurecen desde el interior hasta generar una sombra que te hará invisible para los demás. Cuanto más tiempo permaneces a su lado más enquistarán tu corazón.

Descontamínate si te has dado cuenta. Si l@ tuviste cerca demasiado tiempo, no te amarres al barco fantasma de su alma, siempre van a la deriva. Lánzate por la borda si ya estás dentro, tan solo la emoción de la aventura que provocarán las olas de tu vida, merecerá mucho más la pena que seguir un miserable minuto a su lado.

Para recuperarte te aconsejo un buen tratamiento lleno de amor y sonrisas. Bébete un par de besos de los que te quieren al día, durante el tiempo que te apetezca, y mantén en forma tu corazón con una dieta con alto contenido en abrazos.

Sed felices 😉



Dejar de fumar para no escucharles

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Ya ha pasado más de un año. Puedo decir abiertamente que no me ha costado dejar de fumar, o por lo menos me ha costado bastante menos de lo que pensaba. Fue muy fácil, nunca lo hubiese imaginado. De hecho no recuerdo algún día especialmente difícil.

A mi me gustaba fumar, mucho. Era un acto placentero que con el paso del tiempo se había convertido en un hábito. Recuerdo tardes escribiendo con un café y un cigarro, era feliz para qué negarlo. Me encanta(ba). Para mi siempre fue una acción que me hacía disfrutar. Y además, estuve mucho tiempo en el lado oscuro del tabaco.

Imagen de Kevin Phillips en Pixabay

Dejar de fumar por salud

Eso hice. No hay ninguna otra excusa, ni siquiera la económica. Me daba igual gastarme el dinero en tabaco, lo reconozco, no me importaba porque era algo que me gustaba y de lo que hacía gala. Es cierto, no lo voy a negar. De hecho puedo decir que todavía me gusta. Cuando paso al lado de algún fumador, el olor del humo me trae ciertos recuerdos relajantes. Supongo que relaciono los aromas con los ratos en los que descansaba, me pasa con el café también.

La mente en ocasiones juega esas pasadas. Y tal vez por esa razón nunca dejé de fumar por dinero, ni me lo planteaba. Fue única y exclusivamente por salud y no hay más. Si dijera lo contrario estaría mintiendo.

Y el tiempo ha dado la razón a todos los expertos. Mi respiración, mis alergias y muchas cosas más han mejorado. Soy una persona diferente en ese sentido, no lo voy a negar. Ha desaparecido una tos constante que me perseguía cada día desde por la mañana. Hasta duermo mucho mejor, supongo que mis pulmones estarán más limpios y eso ayudará bastante durante el tiempo de descanso.

Exfumador pedante, no, gracias

Jamás. Una de las promesas que me hice al dejar el tabaco fue no convertirme en un exfumador pedante. Si había algo que me repateara cuando yo era fumador, era un exconsumidor dándoselas de antitabaco. Me parecía ridículo, aunque siempre he pensado que lo que les ocurría no era ni más ni menos que se morían por echarse un cigarro y no eran capaces de controlar la ansiedad cuando alguien les fumaba cerca. De ahí los aspavientos ante el humo.

Además, en ciertos casos tengo que decir que la situación con algunos rozaba lo patético. Hay exfumadores que son abanderados del antitabaquismo, como si eso les devolviera la salud de haberse tragado cientos de cartones. Dan pena, de verdad. Ahora, como exfumador que soy, lo comprendo menos todavía.

Dejar de fumar para siempre

Esa ha sido siempre la intención. Pero el que ha fumado durante muchos años (25 en mi caso) creo que es fumador de por vida. No se puede evitar. Es imposible pretender que después de décadas siendo íntimo amigo del tabaco, le cojas asco para siempre. Las ganas siguen estando ahí, solo aprendes a controlarlas.

Es una pelea de largo recorrido. Hablando en primera persona, creo que es una adicción contra la que es fácil pelear en el día a día, al contrario que en otras. Con el tabaco lo que liberas son pequeñas batallas que has de superar en momentos puntuales. Fuera de ahí, la guerra está ganada a partir de los primeros quince días. Si eres capaz de superar eso, eres capaz de superar el resto. Según mi opinión y mi experiencia, claro está.

Sed felices 😉

La vacuna contra el Covid-19

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¿Te han vacunado? No quiero que me respondas ahora. Aunque tengo asumido que el lector medio de mi página es de algún grupo de riesgo, ya sea por edad o por achaques. El caso es que o bien habéis recibido la vacuna, o estáis en casa esperando la llamada como en aquellos concursos de los años 90.

Y eso que en este país somos bastante ingenuos. Nos creemos que llevan un orden para llamarnos y nos hacemos ilusiones esperando a que nos coloquen el jeringazo.

  • – Ay Carmen ¡qué bien! Van a empezar a vacunar a los mayores de 70
  • – Pues yo tengo 49 y ya me han puesto tres.
Imagen de torstensimon en Pixabay

La vacuna que te toca, no la que eliges

Aquí nadie se pone de acuerdo, porque si algo ha tenido este virus es que nos ha pillado meando en una pared con el culo al aire y los pantalones por los tobillos. A casi todos. Y ni hay orden de vacunación, ni consenso sobre la vacuna más adecuada, ni tan siquiera hay dos paises en todo el mundo que sigan el mismo libreto.

Primero los mayores de 80. No, primero los sanitarios. No, primero l@s cajer@s de Mercadona. De eso nada, primero los camioneros. ¡Basta ya! primero los policías y los militares. ¡Qué no! primero…

La vacuna. El Santo Grial de la sociedad. Decir que te han vacunado es el nuevo «tengo el carnet de conducir» de los cuarentones. Es necesario para subsistir, pero esta vez parece que es de verdad. La independencia que te daba el coche cuando te sacabas el carnet de conducir se ha quedado en una minucia con esto de las vacunas.

Los vacunados son de otra especie

Cuando te vacunan, digo yo, debes sentirte inmunizado por completo. Imagino que será como un super zumo de naranja con unas vitaminas de la hostia. Miras a los demás por encima del hombro con aires de grandeza y todos te señalan cuando pasas por su lado.

Los jóvenes se juntan en el parque y susurran en los grupos: «Mirad a ese cabrón, ya está vacunado». Tú debes pasar al lado de ellos y darles las buenas tardes con seguridad. El saludo sonará a un sempiterno: «Algún día seréis como yo, pringaos».

El vacunado en la actualidad, es una especie de Spiderman al descubrir que le había picado una araña cojonuda. Cuando sale a la calle, se siente como Simba el día que el mono le presenta a la manada desde el barranco. Una especie de alcalde con mayoría absoluta que sale al balcón para recibir la ovación, pero con la vacuna comprada legalmente, o eso creemos.

La vacuna que nos espera

No sabemos cuál será. De hecho no tenemos seguridad ni de que sea la misma en todas las dosis. Cabe incluso la posibilidad de que la primera dosis sea de AstraZéneca, la segunda con Pfizer y la tercera con Pacharán «La Navarra».

El caso es que esperaremos. Más todavía. Con la edad que tengamos y los achaques añadidos. Pero yo lo tengo claro. El día que por fin me vacunen, saldré a la calle con pose de Tronista, luciendo «pecho palomo» y mirando con desdén a los que queden por vacunar. A lo mejor el chute me arregla del todo y dejo de escribir gilipolleces.

Sed felices 😉